Todo gran camino comienza con un paso inesperado, y el del Colegio de Estudios Superiores de Wushu y Medicina Tradicional China (CES Wushu) no fue la excepción. Lo que hoy es una institución referente que cumple 36 años de vida, nació en 1978 entre balones de futbol y una broma entre amigos que terminó por cambiar el destino de las artes marciales en México.
En aquel entonces, un joven Enrique Lozada Manríquez compartía sus días con sus amigos Antonio y Mauricio. Su pasión era el balompié, logrando dominar el balón hasta cinco mil veces sin que tocara el suelo. Sin embargo, la ausencia repentina de Antonio durante varios días los llevó a buscarlo a su casa, donde su madre les reveló el secreto: se había inscrito a clases de Kung Fu. Entre risas y la promesa de no burlarse, Enrique y Mauricio decidieron ir a buscarlo a la escuela “Karate Kung Fu”, dirigida por el maestro Abraham Dergal, sin imaginar que ese sería el inicio de una vida dedicada al Sendero de las Artes Marciales.

El combate que lo cambió todo
La permanencia de Enrique en el arte marcial pendió de un hilo cuando sus amigos decidieron abandonar la práctica, luego de que Antonio dejó de asistir por problemas de salud. “Si ya no viene Toño, vamos a salirnos”, sugirió Mauricio. Pero Enrique, con la disciplina que ya asomaba en su carácter, decidió quedarse un mes más para aprovechar la mensualidad pagada. Fue en ese periodo cuando, durante un examen, recibió una patada certera de una compañera en combate.
Esa descarga de adrenalina le hizo sentir la misma emoción que anotar un gol. En ese instante, el futbol pasó a segundo plano y nació una convicción inquebrantable: “Yo quiero hacer de las artes marciales mi forma de vida. Si ser doctor lleva ocho años, quiero que las artes marciales sean mi carrera”, y lo que inició como una curiosidad, se fue transformado en una práctica de 48 años ininterrumpidos.
De ayudante general a fundador: El nacimiento del CES Wushu
Bajo la tutela del maestro Dergal, quien se especializó en la línea del Wushu Changquan, Enrique entrenó arduamente durante años. Para cristalizar el sueño de abrir su propia escuela, no escatimó en esfuerzos: trabajó durante ocho años como ayudante general en la empresa textil “Hilos La Campana”, cargando pesadas cajas de hilo en un “diablito” para ahorrar cada centavo necesario.
Finalmente, el 3 de junio de 1990, el sueño se materializó. Con una magna exhibición en el parque “El Pípila”, a las afueras del metro Chabacano, esta escuela abrió sus puertas junto a sus amigos Arturo, Leonardo, Mauricio y Antonio bajo el solo nombre de “Kung Fu”, en un segundo piso de la Avenida San Antonio Abad – Tlalpan, de la colonia Tránsito, en lo que fue la Delegación Cuauhtémoc del Distrito Federal. Irónicamente, aquellos que lo motivaron a entrar y luego se retiraron, estuvieron ahí para ver nacer la institución que este próximo 5 de junio celebrará su aniversario por todo lo alto.

Esta historia apenas comienza. No te pierdas la segunda parte en los próximos días, donde narraremos la evolución y consolidación de esta gran institución.

Fotos: Cortesía.

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